Capacitaciones que no cambian el comportamiento.

Cuando el conocimiento está presente, pero las condiciones del trabajo siguen empujando a hacer las cosas de otra manera.

Una organización detecta un comportamiento que necesita mejorar.

Se capacita al personal.

Se explica el procedimiento.

Se refuerza el mensaje.

Se verifica que las personas hayan entendido.

Durante un tiempo parece que todo está bien.

Pero semanas después, el mismo comportamiento vuelve a aparecer.

Entonces llega una nueva capacitación.

Y después otra.

Hasta que empieza a aparecer una explicación conocida:

“La gente sabe qué tiene que hacer, pero no lo está haciendo.”

Y quizá sea cierto.

Pero antes de asumir que el problema está en las personas, vale la pena hacer otra pregunta:

¿Qué está pasando en el sistema que hace difícil mantener ese comportamiento?

Saber cómo hacerlo no siempre significa poder hacerlo

Una persona puede conocer perfectamente un procedimiento y aun así terminar trabajando de otra manera.

Puede saber que una herramienta debe utilizarse en determinada tarea, pero tenerla lejos del punto de uso.

Puede conocer el orden correcto de una actividad, pero encontrarse con un proceso que constantemente interrumpe esa secuencia.

Puede saber que una condición debe reportarse, pero no encontrar una forma sencilla de hacerlo en el momento en que aparece.

Puede haber recibido capacitación sobre una práctica segura, mientras las condiciones reales de trabajo siguen favoreciendo otra.

En estos casos, el conocimiento existe.

Pero el sistema está enviando otro mensaje.

Cuando el proceso contradice la capacitación

Imaginemos una situación sencilla.

La capacitación dice:

“Utilice siempre la herramienta adecuada.”

Pero la herramienta está lejos.

Cada vez que se necesita, hay que detenerse, desplazarse y regresar.

Después de hacerlo decenas de veces, alguien empieza a buscar una alternativa.

No necesariamente porque desconozca el procedimiento.

Sino porque el proceso está haciendo difícil seguirlo.

Otro ejemplo:

El procedimiento establece una secuencia determinada.

Pero la operación está organizada de tal manera que seguir esa secuencia genera esperas constantes.

Con el tiempo, las personas desarrollan una forma alternativa de realizar la tarea.

La capacitación puede volver a explicar el procedimiento.

Pero mientras las condiciones permanezcan iguales, el comportamiento seguirá teniendo dificultades para sostenerse.

El comportamiento también está diseñado

Cuando un comportamiento se repite de manera incorrecta, nuestra primera reacción suele ser pensar en capacitación.

Pero el comportamiento no ocurre en el vacío.

Está influenciado por:

  • el diseño del puesto,
  • la disponibilidad de herramientas,
  • la distribución de materiales,
  • los tiempos del proceso,
  • los estándares de trabajo,
  • la información disponible,
  • los controles existentes,
  • y las condiciones reales de la operación.

Por eso, antes de concluir que “falta capacitación”, podríamos preguntarnos:

¿La forma correcta de trabajar es también la forma más fácil de trabajar?

Esa pregunta cambia completamente el análisis.

Hay una forma diferente de abordar el problema

Si una organización necesita capacitar repetidamente sobre el mismo comportamiento, quizá valga la pena dejar de mirar únicamente a la persona y empezar a observar el proceso.

¿Qué está haciendo difícil el comportamiento esperado?

¿Dónde aparece la desviación?

¿Qué condiciones la favorecen?

¿Qué tiene que recordar constantemente el trabajador?

¿Qué está obligando a improvisar?

¿Qué podríamos modificar para que la forma correcta de trabajar sea más evidente, accesible y natural?

Aquí aparecen herramientas que ya hemos venido explorando en KAIROS:

estandarización, controles visuales, punto de uso, diseño del puesto, eliminación de desperdicios y condiciones previas al trabajo.

No como herramientas aisladas.

Sino como formas de diseñar un sistema que ayude a las personas a hacer bien su trabajo.

La capacitación sigue siendo importante

Esto no significa que la capacitación no funcione.

El conocimiento es necesario.

Una persona necesita saber qué hacer, por qué hacerlo y qué consecuencias puede tener no hacerlo correctamente.

Pero existe una diferencia entre enseñar el comportamiento esperado y crear las condiciones para que ese comportamiento pueda mantenerse.

Una capacitación puede decir:

“Así debemos trabajar.”

El sistema debería ayudar a que esa forma de trabajar sea posible.

Porque si cada día las personas necesitan luchar contra las condiciones del proceso para hacer lo correcto, probablemente estamos utilizando capacitación para compensar un problema que pertenece al diseño.

Cuando el problema está en el sistema

Aquí aparece una oportunidad importante para las organizaciones.

En lugar de preguntar únicamente:

¿Qué capacitación necesitamos?

También podemos preguntar:

¿Qué necesita cambiar en la operación para que esa capacitación se convierta en comportamiento?

A veces la respuesta será una nueva capacitación.

Pero otras veces puede ser:

un cambio en la distribución,

un estándar más claro,

un control visual,

una herramienta disponible en el punto de uso,

una secuencia de trabajo diferente,

un control previo,

o simplemente eliminar una condición que obliga a las personas a desviarse.

La solución no siempre está en enseñar más.

A veces está en diseñar mejor.

Y ahí empieza el verdadero trabajo de gestión

Cuando una organización analiza estas situaciones de esta manera, la conversación cambia.

Ya no se trata solamente de:

“¿Por qué el trabajador no cumple?”

Empieza a preguntarse:

“¿Qué está haciendo nuestro sistema para facilitar o dificultar el cumplimiento?”

Ese cambio es fundamental.

Porque permite que la gestión de seguridad deje de actuar solamente sobre el comportamiento individual y empiece a intervenir también sobre las condiciones que producen ese comportamiento.

Y es precisamente ahí donde una consultoría puede aportar valor:

observar la operación, identificar dónde se genera la fricción y ayudar a conectar los controles del sistema con la forma real de trabajar.

No se trata simplemente de agregar procedimientos o más capacitaciones.

Se trata de construir sistemas de gestión que funcionen dentro de la operación.

Cuando capacitar deja de ser la única respuesta

Si una organización capacita una y otra vez sobre el mismo tema, quizá no tenga únicamente un problema de conocimiento.

Puede tener un problema de diseño.

Y descubrirlo requiere mirar más allá del aula.

Requiere observar cómo se trabaja realmente.

Dónde aparecen las desviaciones.

Qué condiciones las generan.

Qué controles funcionan.

Cuáles existen solamente en el papel.

Y qué cambios permitirían que la forma correcta de trabajar fuera también la forma más sencilla de trabajar.

Porque cuando el sistema ayuda, las personas necesitan menos esfuerzo para hacer lo correcto.

Y cuando el sistema dificulta, ninguna capacitación por sí sola puede resolverlo todo.

La capacitación transmite conocimiento. El sistema determina qué tan fácil es convertirlo en comportamiento.

Control antes que reacción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll to Top